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| Historia | |
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Toledo, declarada ciudad Patrimonio de la Humanidad, posee una larga y prodigiosa historia.
Ya era zona urbana fortificada en la época de los iberos, antes de la llegada de los romanos los cuales conquistaron la ciudad en el año 192 aC. En su etapa romana fue ya nudo de gran valor estratégico, acunó moneda y tuvo un grandioso circo y acueducto. Numerosos restos romanos acreditan su importancia.
Posteriormente los bárbaros invadirían el entonces decadente Imperio Romano. Entre los pueblos bárbaros que pasaron por Toledo estaban los Alanos que capturaron la ciudad en el año 411 y los Visigodos que se la arrebataron siete años más tarde.
Los reyes visigodos instalaron en ella su corte a mediados del siglo VI, pasando a ser por ello capital política y religiosa de la España visigoda, recibiendo el título de "Ciudad Regia"; este hecho determinó que Toledo se transformara de pronto en un poderoso foco artístico de orfebres y decoradores.
Esta situación duró 124 años, hasta la llegada de los musulmanes en el año 711.
Durante los primeros tres siglos y medio de conquista musulmana en Al-Aldalus (denominación que dieron a la península), el Islam dominó Toledo a la que llamó Tolaitola.
Alfonso VI reconquistaría la ciudad para la cristiandad en el año 1085 convirtiéndose en la capital del reino castellano.
Durante el reinado de Alfonso X El Sabio, Toledo vive un período de esplendor en lo que a las artes se refiere. Se crea la Escuela de Traductores de Toledo que traduciría al latín los textos en árabe y hebreo. Así Europa tuvo acceso al conocimiento de los eruditos, tanto musulmanes como judíos. Pero más importante todavía fue que así Europa redescubriría el saber de los clásicos griegos que con anterioridad fueron traducidos al árabe.
Por entonces se empieza a conocer a Toledo como la Ciudad de las Tres Culturas, porque musulmanes, judíos y cristianos convivieron pacíficamente bajo el peso común de la Ley.
La ciudad conserva su importancia económica, religiosa y política hasta la explusión de los judíos en el 1492.
En época del Imperio de los Austria Carlos I establece la capital en Toledo. Pero el declive del Imperio también supuso el declive de la ciudad. Felipe II traladaría la capitalidad a Madrid.
Toledo seguiría ocupando un papel de importancia en el aspecto religioso. También en las artes seguiría ocupando un papel fundamental. Destaca la presencia de El Greco.
En el siglo XX el nombre de la ciudad vuelve a salir a luz tras ser el Alcázar bastión de resistencia contra las tropas de la Républica.
Es después de Franco cuando Toledo tras convertirse en capital de Castilla-La Mancha recobra de nuevo un papel preponderante.
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